domingo, 15 de marzo de 2009

"AÑO INTERNACIONAL DE VALDEFIERRO" - EDITORIAL


(Publicado en El Porche nº 9, Febrero 2009)

El Año internacional de la Astronomía que estamos celebrando tiene en Valdefierro un eco especial. ¡Al fin y al cabo, aquí vivimos "en el cielo"!: la mayoría de nuestras calles llevan nombres de estrellas, planetas o constelaciones. De ahí que el consejo de redacción de El Porche haya querido declarar este año tan astronómico el "año internacional de Valdefierro". Y es que, en nuestro barrio, las estrellas son siempre tan visibles que bien se podría decir que es siempre de noche, pero que no falta nunca la luz. Por eso, la escena que os cuento a continuación, que se puede imaginar en cualquier lugar, tiene un especial significado y resonancia aquí, en Valdefierro.

"¡No podemos más!", resuena en la oscuridad una voz profunda, hecha de muchas voces. "Nos han sacado al desierto para matarnos de hambre, de sed y de cansancio. Nos han engañado. Nuestros guías han desaparecido, nos han abandonado en medio de esta soledad llena de malditos espejismos que nos hacen enloquecer. Ya sólo podemos contar con nuestras fuerzas. ¡Sálvese quien pueda!". Y el pueblo, sintiendo en el alma el frío aliento de la muerte, se desperdiga. Unos examinan el firmamento, para ver si las estrellas les indican el camino y el destino que les aguarda. Otros, desfallecidos de hambre, golpean sus varitas mágicas contra las piedras para ver si pueden transformarlas en panes, pues están convencidos de que eso es todo cuanto necesitan para vivir. La mayoría, llenos de miedo, murmuran sortilegios y hechizos para intentar librarse de los peligros que (están convencidos) les acechan en las tinieblas. Algunos, aprovechando el desconcierto general, gritan consignas y promesas a la muchedumbre en fuga, intentando hacerse sus dueños y conseguir con ello poder y gloria.
Y entonces llega él... Viene voluntariamente a este desierto abrasador, lleno de serpientes y alacranes. Las gentes abandonadas, como ovejas sin pastor, le ven sentarse a su lado, sufrir con ellos, compartir con ellos las frías e inacabables horas de la noche. Y les habla... Les cuenta lo que hay más allá del desierto: una tierra que mana leche y miel, en la que Dios es todo en todos y para todos... Un soplo de serenidad, y hasta de alegría, conforta y reúne a los que hasta hace poco huían. Al alba, él, el que ha acampado en medio del pueblo, se levanta y les invita a acompañarle hasta el amanecer. Y ellos, dejándolo todo al instante, le siguen...

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