jueves, 19 de abril de 2012
viernes, 10 de febrero de 2012
NÚMERO 18 DE EL PORCHE, ESPECIAL 50 ANIVERSARIO DE LA PARROQUIA
EDITORIAL
No a todo el mundo le sienta bien cumplir cincuenta años. Los que sí lo celebran piensan que llegar a esa edad es un motivo de alegría; pero también les mueve a la reflexión: ya han vivido mucho, empiezan a ver el límite de su propia existencia, saben ya de qué va la vida (¡cuántas experiencias, desengaños, achaques, pérdidas… llevan acumulados!); sin embargo, están convencidos de que hay que seguir viviendo la vida plenamente, pese a todo…
También en nuestra Parroquia, que cumple cincuenta años, debemos alegrarnos y reflexionar. Alegrarnos por tanta vida compartida… Reflexionar, porque de los aciertos y errores del pasado podemos aprender para el futuro, para poder seguir desempeñando ese múltiple servicio que ha caracterizado a la Parroquia en nuestro Barrio. ¿De dónde nace ese servicio? ¿Qué es lo que da sentido a estos cincuenta años y a todos los que puedan venir detrás? La convicción que nuestra comunidad parroquial tiene de que cambian las personas y las cosas, pero el Resucitado sigue siempre en medio de nosotros, caminando a nuestro lado, avivando el fuego de la fe junto al que nos invita a compartir el pan y el vino, enseñándonos con el ejemplo de su vida y su muerte que quien quiera ser el mayor ha de ser el servidor de todos.
J. Pedro Tosaus
martes, 24 de enero de 2012
NÚMERO ESPECIAL 50 ANIVERSARIO
Estamos preparando un número especial de la revista de la parroquia de Valdefierro con motivo de su 50 aniversario. Si tenéis alguna foto de actividades, grupos, etc. de la parroquia, os agradeceremos que nos la hagais llegar a elporchevaldefierro@gmail.com , a ser posible indicando el año a que corresponde. Vamos un poco justos de tiempo, así que si puede ser, a lo largo de esta semana. Gracias.
miércoles, 30 de noviembre de 2011
NÚMERO 17 DE EL PORCHE
Para ir abriendo boca, os ofrecemos aquí el Editorial:
EDITORIAL
Ya lo dijo el antiguo sabio griego, "Todo fluye": el cambio es inevitable y universal... A lo largo de nuestra vida experimentamos continuamente cambios muy distintos: de tamaño, de peso, de estado civil, de salud y de ánimo, de lugar y de circunstancias,... La vida no se para.
Hay cambios que presagian males y cambios que auguran bienes, cambios que hacen temblar y cambios que infunden esperanza, por lo que significan y simbolizan. Uno de estos últimos, que regresa cada año, es el Adviento, este tiempo de espera que se abre a la venida de Jesús en la Navidad.
El Adviento nos dice que, en medio del torrente del cambio constante de la vida, hay algo que permanece fijo y en pie: el amor con que nos ama Dios, que sale a nuestro encuentro, acampa con nosotros y nos acompaña siempre.
El Adviento nos infunde serenidad y esperanza ante los cambios adversos, nos enseña laboriosidad y solidaridad para propiciar cambios a mejor, tanto individual como colectivamente.
El Adviento nos invita a considerar los cambios exteriores (por ejemplo, el de la renovación de nuestra iglesia parroquial, encaminado a servir mejor a las múltiples necesidades del barrio) como una llamada a cambiar por dentro, a acoger la vida con buen ánimo, a abrir el corazón al amor de Dios que llama a nuestra puerta cada día... ¿Le abriremos?
viernes, 29 de julio de 2011
Número 16 de El Porche
Feliz Verano y hasta septiembre.
viernes, 25 de febrero de 2011
NÚMERO 15 DE EL PORCHE
EDITORIAL
«¿Qué es lo que hicimos mal?», se preguntan abrumados algunos padres cuando la policía les notifica que han detenido a su hijo por cometer un grave delito. Vuelven la vista atrás para intentar descubrir los fallos de su labor educativa. Pues, aunque es verdad que cada cual toma sus propias decisiones, todos los padres sabemos que nosotros sentamos bases importantes, decisivas, para la vida de nuestros hijos y que, por tanto, no podemos dejar pasar el tiempo sin intervenir, sin implicarnos, sin tomar decisiones, en su educación.
También el futuro tiene padres. Es hijo de don Presente y doña Voluntad, progenitores en los que lo individual, lo colectivo y lo social se entrelazan estrechamente, pues todos formamos parte de ellos. Como sucede en la educación de los hijos propios, también en la "educación" del futuro hay cosas que se nos escapan, que no dependen de nosotros; pero, si queremos ser "buenos padres" en lo que al futuro respecta, no podemos tampoco abstenernos de actuar, de decidir, de intervenir en su formación.
El futuro personal (mi vida, mi fe,...), colectivo (nuestras familias, nuestra comunidad parroquial, nuestro barrio,...) y social (nuestra ciudad, nuestra región, nuestro país, nuestro mundo...) se están modelando ya, se harán realidad con o sin nosotros; pero, ¿no será mejor tomar parte activa en su gestación que quedarnos al margen de ella, tal vez con la ingenua esperanza de que, aun sin hacer nada, las cosas saldrán bien y a nuestro gusto?
jueves, 23 de diciembre de 2010
NÚMERO 14 DE EL PORCHE
EDITORIAL
¡Cómo pasa el tiempo! El año se acaba (empezamos el Adviento, ¡otro más!), los niños crecen (incluso en la comunidad parroquial, con grupos de Confirmación y de Postcomunión, además de los de la catequesis habitual de Primera Comunión) y Valdefierro cumple ya sesenta años (¡felicidades!)... Es frecuente que el veloz paso del tiempo nos cause melancolía, añoranza e incluso tristeza. Sobre todo en otoño. También, si lo pensamos bien, es una invitación a vivir cada día plenamente, siendo conscientes de los anhelos de nuestro corazón...
Pero, como dice el profeta Jeremías, ¿quién es capaz de entender el corazón humano? Es verdad que resulta difícil, pues en su superficie bullen y se agitan múltiples deseos, caprichosos, volubles, cambiantes... Sin embargo, en lo más hondo de cada corazón anida el mismo deseo profundo de plenitud de vida y amor, un deseo que está a la espera de que lo descubramos y lo vivamos a fondo.
Jesús no siempre responde a nuestros deseos superficiales, que a veces nos alejan de nosotros mismos, de los demás y de Dios. Viene para colmar nuestro deseo más profundo, aun cuando para ello tenga que romper nuestros esquemas y maneras de ver el mundo y la fe. Para ello, Jesús nos invita a hacer lo que él hace, a vivir lo que él vive, a amar como él ama. Tal vez, en el fondo, pensemos que esto es poesía, cosas en las que sólo los niños pueden creer de verdad, pura utopía... Y es posible que nos excusemos, para no quedar mal con Jesús, diciendo que, si las circunstancias o la ocasión fueran otras, entonces sí aceptaríamos de buena gana su invitación. Quizá por eso es tan frecuente que nos conformemos con ser "religiosos", con cumplir normas y con mostrar una imagen favorable de nosotros mismos ante el resto de la comunidad.
No nos corresponde a nosotros elegir las circunstancias del mundo que nos ha tocado vivir; pero nadie puede decidir por nosotros cómo vamos a emplear el tiempo que se nos ha dado, ese tiempo que, como fina arena, se nos va escurriendo entre los dedos...