domingo, 3 de abril de 2022

VETE Y VIVE (EUCARISTÍA DEL 5º DOMINGO DE CUARESMA)

Buenos días hermanas y hermanos.  

Hoy, quinto y último domingo de cuaresma, seguimos caminando juntos hacia la Pascua. A lo largo de todo este tiempo hemos podido sentir el abrazo del padre y su cercanía en cada recodo del camino: Ante las tentaciones de cada día; en nuestras “paradas” para descansar; en los momentos de sequía cuando parece que nuestras ramas se agostan y no vamos a ser capaces de dar fruto; cuando después de creernos autosuficientes y de despilfarrar nuestra herencia, volvemos con el corazón vacío y los pies llenos de polvo.

Hoy podemos sentir de nuevo cómo Dios nos abraza después de quitarnos el peso de las piedras que con frecuencia lanzamos sobre nosotros y sobre los demás.

Continuamente experimentamos limitaciones, situaciones de la vida que nos hacen desfallecer y caer. Incluso, en ocasiones, es tanto el peso que llevamos que se nos hace tremendamente difícil levantarnos.

Pero Jesús vino a liberar nuestras ataduras, a levantarnos del suelo para seguir caminando. Jamás juzgó ni condenó a nadie. Jamás impuso el peso de ninguna ley que no fuera la del amor y la misericordia. ¿Por qué entonces somos tan exigentes con las debilidades de nuestros hermanos y con las nuestras propias?

A través de la Palabra de hoy os invitamos a descubrir ese abrazo tan grande lleno de amor y de misericordia que Dios una vez más nos ofrece.

 

ORACION DE PERDÓN  

Señor, 

Tú, que todo lo haces nuevo,

transforma mis miedos en oportunidades,

mi agresividad en ternura,

mi egoísmo en generosidad,

mi angustia en esperanza,

mi falta de fe en confianza,

mis ruidos en tu silencio lleno de paz.


Señor,

transforma mis piedras en caricias

que envuelvan mi corazón

y el de los demás.


Haz de mi barro una vasija

que yo pueda llenar de tu agua,

que calme la sed,

que limpie las heridas,

que refresque mi alma

y la de todos aquellos

que tú pones en mi caminar.


PETICIONES

Renueva nuestra vida, Señor.

Jesús, hoy te pedimos que las únicas piedras que toquen nuestras manos sean para construir.

Para construir sueños que puedan hacerse realidad en nuestra Iglesia. Que este camino del sínodo nos lleve a una Iglesia liberadora en la que todos tengan cabida.

Para construir espacios de diálogo y de entendimiento entre todos los pueblos con el fin de alcanzar el bien de toda la humanidad.

Para construir esperanza en tantas personas “rotas” por la tristeza, la enfermedad y la soledad.

Para construir ilusiones en los niños y en los jóvenes que se encuentran frecuentemente desorientados por tantas cosas que no dejan llenar su corazón de lo esencial.

Para construir alegría en un mundo lleno de oscuridades.

Para construir la paz en medio de la violencia.

Jesús, transforma nuestras piedras, transforma nuestro corazón.


Renueva nuestra vida, Señor.

 

HOMILIA

¿Por qué estás triste? ¿Por qué hundes tu cuerpo sobre la tierra, bajas la cabeza y escondes tu mirada? ¿Qué te hace sufrir tanto que no eres capaz de ponerte en pie?

¿Tus limitaciones? ¿Tus miedos? ¿Tus inseguridades? ¿Tus fracasos?

¿Por qué te atormentas?

Sea lo que sea, no mereces que ni tú ni nadie lance piedras contra ti.

Todo aquello que te hace daño, que te impide ser feliz, aquello que te desborda…, Jesús lo transforma. Él, que solo sabe de abrazos y de amor, de nuevas oportunidades. Él, que escribe nuestras flaquezas en la tierra para que el viento se las lleve y las haga desaparecer para siempre. Él, que nos abraza con tanta ternura y nos dice: “Venga, levántate. Y con las piedras construye todo el amor que puedas, el mundo te necesita. Yo, siempre estaré contigo”


GESTO DE LA PAZ

Antes de darnos la paz, vamos a guardar un minuto de silencio en oración por todas las víctimas de las guerras, y para que el Señor toque los corazones del ser humano y la paz alcance todos los lugares del mundo.


ORACIÓN FINAL

Tus dibujos en el suelo

han tenido un efecto sorprendente:

el círculo moralista y acusador se ha roto

y, a solas contigo, por primera vez,

me he sentido libre.


Tus dibujos en el suelo

han sido el primer espejo no engañoso

que me ha hecho ver mi rostro triste,

mi ser pobre y vacilante,

mis miedos de siempre.


Tus dibujos en el suelo

han creado un silencio penetrante,

pues han puesto al descubierto

la trágica parodia que vivimos

cuando nos creemos diferentes.


Tus dibujos en el suelo

me han devuelto la dignidad perdida

cuando tu dedo suave y firme

con el polvo de siempre y mis lágrimas perdidas

ha plasmado mi nuevo rostro sonriente.


Después te has incorporado,

solamente has mirado mis ojos,

me has besado como nadie

y has dicho al aire: vete y vive; ya sabes.


domingo, 27 de febrero de 2022

CAMINANDO JUNTOS

 Teneis ya disponible el nuevo número de la revista "El Porche" con el título "CAMINANDO JUNTOS". Podeis descargarlo completo en 
https://drive.google.com/file/d/1GFE63PRE_3dc6XAmTxvB1domuWpV7AT7/view?usp=sharing


Para ir abriendo boca os dejamos aquí el editorial:


EDITORIAL

Estamos continuamente rodeados por multitud de realidades y procesos prácticamente
invisibles, difíciles de captar y explicar, como por ejemplo los virus, la función clorofílica de las plantas, el funcionamiento del cerebro humano o las leyes de la naturaleza y de los organismos sociales.
Por eso, a veces, para comprender intuitivamente algo muy complejo, echamos mano de los símbolos. Así, ya los griegos antiguos explicaban la densa red de interacciones de los miembros de una sociedad con el símbolo del cuerpo, símbolo que san Pablo recoge para hablar de la Iglesia.
El símbolo no solo sirve para comprender, sino también para manejarnos con la realidad de que se trate. Si todos formamos un cuerpo, resulta sencillo ver que de ahí se derivan conclusiones prácticas inmediatas (por ejemplo, que cuidar al otro es cuidarse a sí mismo).
El título del presente número de nuestra revista, “Caminando juntos”, es uno de esos símbolos ambiciosos que pretende sugerir mucho con una imagen simple y familiar. Todos tenemos la experiencia de caminar con otros (en paseos, marchas, peregrinaciones…). De ahí que, ante esa imagen, a todos nos broten de inmediato numerosas ideas prácticas para poder “caminar juntos”. A mí, a bote pronto, se me ocurren las siguientes: tiene que haber acuerdo sobre el destino que se pretende alcanzar y, en alguna medida, sobre el camino que se ha de seguir para llegar allí; ha de haber solidaridad entre todos los miembros del grupo (por tanto: el ritmo lo marcará el más débil; el diálogo será fundamental para organizarse y tomar las decisiones necesarias; todos habrán de ayudar a todos para poder seguir caminando juntos; se pondrá en común lo que se tenga para poder alcanzar juntos la meta).
“Caminando juntos” es el lema del actual Sínodo en que está inmersa la Iglesia. El símbolo por sí mismo dice mucho de cómo debería ser este proceso sinodal. Pero, además, el contexto eclesial ahonda y enriquece aún más el símbolo, pues, por un lado, lo convierte en un modo de entendernos como Iglesia y, por otro, inserta en él la profunda convicción de fe de que no caminamos solos ni sin rumbo (no somos individuos aislados ni nómadas): unidos a Jesús, siguiendo la voz del Espíritu Santo, vamos hacia el Padre. ¡Nuestro destino nos espera! ¡Caminemos juntos…!
                                                                          J. Pedro Tosaus

DESAPRENDER LA GUERRA

 

Claudia, una niña de 10 años, nos ha explicado hoy lo que piensa de la guerra...
"Quiero compartir con vosotros lo que pienso de la guerra.
No me gusta nada ver a las personas llorar, sobre todo llorar de rabia y de tristeza. Debe ser horrible ver desaparecer tu casa de repente envuelta por el humo de una bomba. No es justo que tu padre se quede sin trabajo y tú no puedas volver al colegio porque sencillamente está destruido. Es inhumano que un ser humano coja un fusil para acabar con la vida de otro ser humano; y aún es más inhumano si es un niño quien carga el arma en su hombro. No entiendo por qué el mejor amigo de mi hermano podría convertirse en su peor enemigo teniendo que luchar contra él solamente porque alguien lo ha ordenado, para conseguir no sé el qué. Es absurdo pelear hasta morir por un trozo de tierra, porque mi madre me contó un día que Dios nos regaló el planeta a todos, no solo a unos pocos. Dicen mis abuelos que la vida pasa muy rápido y que no merece la pena desaprovecharla y que de aquí no nos llevaremos nada excepto el amor. ¿Por qué entonces hay personas tan preocupadas por tener más y más cosas, y por conseguir cada vez más poder?. No entiendo nada. Es absurdo. Y los que mandan, los que ponen en marcha esta locura se quedan en sus casas, están protegidos; mientras que otros deben ir a matar; y estoy segura de que muchas de estas personas tienen mucho miedo, no querrían hacerlo, pero alguien lo ha ordenado, para conseguir no sé el qué.
Esto pienso de la guerra. Es una locura. Los que hacen la guerra alguna vez también fueron niños. Yo quiero crecer trabajando por la paz. Voy a tratar de sembrar cada día una semillita de paz en mi familia, entre mis amigos, allá por donde vaya. Así, un día alguien podrá recoger esos frutos y confío en que el mundo será un poquito mejor. No quiero aprender la guerra. No quiero hacerlo. Yo aún soy pequeña, pero vosotros los mayores…
Os invito a desaprender la guerra. Estáis a tiempo. ¿queréis intentarlo?"
 

 

viernes, 10 de diciembre de 2021

NUEVAS FORMAS DE MIRAR

    En este tiempo de pandemia hemos oído mucho esta moderna expresión de “reinventarse”. Al cambiar las circunstancias o la realidad que vivimos, al venir una dificultad o un contratiempo, a menudo nos sale luchar contra ella, rebelarnos, quejarnos o pedir que sea diferente. En cambio estamos aprendiendo de muchas personas que es mucho más sabio aceptar y acoger lo que ya es. Aceptar no es resignarse, sino hacer las paces con la realidad, asumir el cambio que ya se ha producido aunque sea doloroso y, si es necesario, reinventarse; en definitiva, cambiar la mirada.   

    Me parece que algo de estos cambios los hemos vivido todas con la pandemia que hemos y estamos viviendo, y también a lo largo de toda nuestra vida en mayor o menor media. Comenzando con cambios en principio más superficiales, como tener que usar gel, distanciarnos, no saludarnos como antes…, pero que implican también cambios más profundos en nuestra forma de relacionarnos, trabajar, celebrar y de ver el mundo. Ojalá que sea una oportunidad, una invitación, para revisar nuestra mirada en todos los sentidos, sobre nosotros mismos, sobre los demás, sobre nuestras creencias, nuestra vida, y para reinventarnos de manera positiva y esperanzada.  

    De una mirada quejosa, que solo mira lo que falta, lo que está mal, lo que podría pasarme y no me pasa, lo que podría tener y no tengo…, a una mirada agradecida de la realidad: agradecer cada día, cada persona, cada acontecimiento y confiar, poner la mirada más en la oportunidad y en lo que ya podemos disfrutar.  

    De una mirada superficial, de ver más bien lo exterior, las apariencias, lo que nos gusta o no de las personas, a una mirada más profunda, que nos invita a comprender que cada persona no es otro distinto de mí, que somos parte de lo mismo, parte de una misma fuente, y por lo tanto nos invita a una compasión inevitable con nosotros mismos y con todas las demás personas.  

    De una mirada de separación, donde yo soy y lo demás ya veremos, a una mirada de unidad donde todo está interconectado. Unidad con todos los seres, con todas las cosas; y esto conlleva a su vez, irremediablemente, una mirada más ecológica y comunitaria a nuestro estilo de vida, a nuestros hábitos consumistas, y nos lleva a hacernos algunas preguntas clave muy prácticas como… dónde compro, qué compro y cómo compro. Qué difícil, pero qué importante, es desarrollar cada vez más esta mirada ecológica y a la vez solidaria con las nuevas generaciones y con tantas personas que ya hoy viven muy afectadas por tanto cambio climático, por nuestra forma de vivir.  

    De una mirada ciega, que me creo todo, sin cuestionar nada, lo de siempre…, a una mirada con luz, donde asumir con responsabilidad nuestra espiritualidad, atender las inquietudes que nos surgen y buscar la verdad con lucidez, sin miedo a descubrir otras respuestas u otras preguntas sobre nuestras creencias y acoger con madurez lo que en lo más profundo vaya surgiendo.  

    En este tiempo, más allá de la pandemia, pero coincidiendo con algunos aprendizajes de ella, estoy invitada a vivir con más calma, más despacio, más atentamente… Y es que la vida en este momento me está invitando a hacer un viaje distinto, después de tantos que he hecho en mi vida… Y este es un viaje mucho más interesante y misterioso, arriesgado y liberador…. Es un viaje al interior, al silencio y profundidad de lo que soy y somos y que implica realmente un cambio de mirada radical.  

    Y desde mi experiencia me voy reinventando con esta nueva mirada, descubriendo y valorando el silencio atento, que habla al corazón y es sabiduría. Desde esta mirada más atenta redescubro la vida y voy aprendiendo. Me resulta difícil, pero de una riqueza grande, vivir más el presente, poner más atención a cada momento, a cada persona y acontecimiento y no estar siempre pensando en lo que viene o en lo que diré o haré después. Hoy vivo sin planes hechos, sin seguridades, abierta a acoger la vida como va viniendo, para ir encontrando los caminos para servirla, cada día desde una mirada cada vez más profunda, una mirada nueva.Ojalá nos podamos contagiar unos a otros, esta vez sí, sin temores, nuestras miradas nuevas, nuestra profundidad, aprendizajes y esperanzas que nos alientan y sostienen. Feliz adviento a todas y todos.

María Taboada

El Porche nº 46

https://drive.google.com/file/d/1afb3yYgdIxRu2ojc3cAx2ZLJ97TAW4CQ/view?usp=sharing

jueves, 9 de diciembre de 2021

"NUEVAS FORMAS DE MIRAR", NUEVO NÚMERO DE LA REVISTA EL PORCHE


Teneis ya disponible el nuevo número de la revista "El Porche" con el título "Nuevas formas de mirar". Podeis descargarlo completo en 

https://drive.google.com/file/d/1afb3yYgdIxRu2ojc3cAx2ZLJ97TAW4CQ/view?usp=sharing

Para ir abriendo boca os dejamos aquí el editorial:


EDITORIAL

La novedad de la que habla el presente número de El Porche no está en lo exterior, sino dentro de nosotros, en el modo en que recibimos e interpretamos cuanto vemos.

Todos sabemos que en nuestro interior se producen cambios continuamente… Unos son tan cotidianos como los cambios del tiempo atmosférico (según el momento podemos verlo todo negro,   claro o de color de rosa). Otros se deben a grandes experiencias que son significativas para nosotros (a veces gozosas, a veces traumáticas, muchas veces decisivas). Otros más se deben a los años, que con su paso van creando un espesor de experiencia acumulada que nos hace ver las cosas de otro modo.

Ese yo interior, que está en cambio continuo, tiene siempre ante sí infinitas posibilidades de entender la realidad, un abanico sin fin de nuevas formas de mirar entre las que, hasta cierto punto, puede elegir…

Estas páginas de El Porche te invitan a escoger maneras de mirar que te hagan más feliz a ti y a quienes te rodean, formas de mirar que te hagan mejor, más como Dios te sueña…

Entre esas posibles miradas nuevas, los cristianos reconocemos como fundamental la que consiste en mirar como Dios mira. Esto no es algo que se pueda hacer instantáneamente, sino más bien un largo proceso de “educación de la mirada”, proceso en el que vamos aprendiendo a mirar (a los demás, al mundo, a nosotros mismos) como Dios nos mira. Un proceso en el que, guiados por la fuerza del Espíritu, vamos sintonizando nuestro corazón y nuestros ojos con el corazón y los ojos de Dios.

¿Qué mejor momento que este Adviento para iniciar y ahondar ese proceso, para abrir los ojos y el corazón al Niño que llega, para aprender, contemplándolo, nuevas formas de mirar?

                         José Pedro Tosaus