Hemos publicado el nuevo número de la revista "El Porche", titulado "¿Nómadas o peregrinos?"
https://drive.google.com/file/d/1KZVK-0HaN4nCya5fIwTvDY-Ov9Q4_f2l
Imaginemos que los glóbulos rojos
pensaran y hablaran. Uno podría decir: “Me paso el tiempo dando vueltas,
recorriendo siempre los mismos sitios. No tengo raíces en ningún lugar. Mi vida
es pobre y sin sentido”. Otro podría afirmar: “Mi vida es dura, porque
transporto sin descanso sustancias que otras células necesitan aquí y allá y
también sustancias de desecho que hay que retirar. Mi vida es sacrificada, pero
necesaria para muchas células”. Un tercero, a su vez, podría decir: “Mi
circulación constante por todo el cuerpo hace posible que el organismo entero
funcione. Mantener vivo el cuerpo es la razón de mi existencia y de todo cuanto
hago”. Ahí tendríamos un vagabundo, un nómada y un peregrino… Los tres viven lo
mismo, pero interpretan de manera muy distinta su experiencia vital.
En
nuestro entorno social, casi todos llevamos una vida parecida, con movimientos
continuos y bastante predecibles: trabajo, familia, consumo, salidas de fin de
semana o vacaciones… Coincidimos en el autobús lleno o en el tráfico denso cada
mañana, en las salidas del colegio de los hijos y en sus actividades
extraescolares, en los supermercados (especialmente los sábados por la mañana),
en los bares o en mil sitios turísticos donde descubrimos al llegar que otros
muchos han tenido la misma idea que nosotros…
¿Somos nómadas
o peregrinos? ¿Hemos descubierto un sentido profundo en nuestra vida o nos
dejamos arrastrar por ella persiguiendo objetivos momentáneos y fugaces? Los
cristianos decimos ser peregrinos; pero, ¿se nos nota?, ¿dejamos traslucir en
nuestra vida cotidiana (tan parecida a la de los demás) esa meta hacia la que
nos encaminamos y que da sentido a todo?
Ser cristiano,
sin embargo, no depende de lo que decimos, sino de lo que hacemos, de lo que
nuestra vida es en la práctica de lo cotidiano. Depende del sentido que
descubramos en nuestra existencia de cada día. No importa lo que digamos, lo
que afirmemos ser o creer: si, como los dos primeros glóbulos rojos que hemos
fabulado, nos dejamos cegar por lo inmediato, seremos nómadas (o, peor aún,
vagabundos); si, por el contrario, como el tercer glóbulo rojo, alcanzamos a
ver el sentido profundo de nuestra vida, su dirección, su meta última, seremos
peregrinos, aunque exteriormente no nos distingamos mucho de los demás
“glóbulos rojos”.
Así, puede ser
que muchos cristianos seamos simples nómadas, mientras que muchos otros que no
se consideran cristianos sean en el fondo auténticos peregrinos. Y tienen a
quien parecerse: Abrahán, que era, a los ojos de cualquiera, un nómada, pero, por
su confianza en la promesa de Dios, era peregrino de corazón.
J.
Pedro Tosaus